Este articulo nos habla de como fueron descubriendo la anorexia este trastorno que sigue existente al día de hoy, en este pedazo de información nos habla de como la fueron descubriendo ya que al principio tenían muchas preguntas de como las personas podían perder peso muy rápido y exageradamente
En 1873, Sir William Gull en Inglaterra y Charles Lasegue en
Francia describieron, por primera vez, la anorexia nerviosa (AN)
como “un estado mental mórbido”, basándose en su experiencia
clínica de finales del siglo xix. De este modo, los trastornos de la
conducta alimentaria (TCA) quedaron anclados en un contexto
histórico y cultural, hecho que, aunque revelador, puede haber
supuesto ciertas limitaciones para la comprensión de los TCA tal
y como los concebimos hoy día (1,2). No obstante, los intentos
de modificar de forma voluntaria la ingesta alimentaria datan de
mucho antes. Existen referencias ya en la Biblia en este sentido ligadas a aspectos religiosos. Atrofia nerviosa fue el término
empleado por Whytt, un teórico de la medicina, para describir
este estado de baja energía, estilo taciturno, pérdida de apetito y
malas digestiones (3).
Los factores culturales adquieren especial relevancia cuando se
trata de entender cómo describe, diagnostica y trata una sociedad
una determinada condición de salud. En el caso de los TCA, este
es un aspecto fundamental a tener en cuenta, pues las primeras
descripciones de la enfermedad caracterizaban a los pacientes
como mujeres jóvenes, saludables, bien educadas, occidentales
y provenientes de familias con buena posición socioeconómica.
Actualmente, podemos afirmar que, aunque este fenotipo sigue
estando vigente, no es ni mucho menos exclusivo.
Los TCA se caracterizan por la presencia persistente de una
alteración del comportamiento alimentario que compromete el
estado de salud y el funcionamiento psicosocial. Bajo el término
trastorno de la conducta alimentaria quedan englobados la AN, la
bulimia nerviosa (BN) y, más recientemente, con la publicación de
la quinta edición del Manual de Enfermedades Mentales (DSM-5)
(4), se ha incluido el trastorno por atracón (TA).
La idea, en cierto modo culturalmente impuesta, de que existe
un ideal de belleza femenina y éxito social vinculado a la delgadez, ha contribuido a la definición de aspiraciones y motivación
para conseguir dicha delgadez (5). Son muchos los aspectos que
alimentan esta obsesión por la pérdida de peso: las revistas dirigidas a las mujeres, por ejemplo, están cargadas de mensajes
para el control del peso, dietas, ejercicios y hábitos destinados
para conseguir una silueta esbelta. El mundo de la moda o el cine
es otro claro ejemplo de este bombardeo continuo en promoción
de la delgadez. En este sentido, la AN podría considerarse la
enfermedad resultante del triunfo de este deseo/obsesión por la
delgadez frente a la propia salud.
La AN es, por tanto, un TCA determinado por una alteración del
comportamiento alimentario caracterizado por un miedo extremo
a la ganancia ponderal y por la realización de dietas restrictivas e
hipocalóricas, a pesar de cursar con un peso muy inferior al límite
de la normalidad (6).
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
Para el diagnóstico de la enfermedad, la Asociación Americana
de Psiquiatría (APA) propone en su última edición del Manual de
enfermedades mentales (DSM-5) tres criterios diagnósticos frente
a los 4 que se recogían en la edición anterior de dicho manual (7).
Los criterios diagnósticos vigentes hoy día son:
A: existencia de una ingesta oral reducida e inferior a los
requerimientos a pesar de un bajo peso.
B: miedo intenso a ganar peso.
C: alteración en la percepción del peso corporal y del propio
cuerpo.
Los criterios diagnósticos DSM-5 completamente desarrollados
y comparados con los criterios DSM-IV previos se recogen en
la tabla I. Los criterios diagnósticos según CIE-10 (Clasificación
Internacional de Enfermedades) se recogen en la tabla II.
Cabe destacar que en la última edición del DSM, se debe especificar el tipo de trastorno y su severidad, así como si la enfermedad se encuentra en situación de remisión total o parcial. Para
ello, el propio manual explica qué criterios han de reunir uno y
otro estado. Sin embargo, no contempla ninguna indicación con
respecto a lo que ha de ser considerado un periodo de tiempo
relevante. En la experiencia de los miembros de este grupo de
trabajo, sería necesario que los criterios de remisión parcial se
mantuvieran al menos durante dos años para plantear la remisión
total de la enfermedad.
La sospecha clínica es muy importante en este tipo de trastornos. De hecho, debemos pensar en un trastorno de la conducta alimentaria en mujeres con índice de masa corporal (IMC)
bajo para los estándares según edad y sexo, en mujeres que
consultan para perder peso, aun no teniendo exceso ponderal, con alteraciones menstruales o amenorrea, con síntomas
digestivos y/o vómitos de repetición, y, en general, en enfermos con signos físicos de desnutrición y niños con retraso del
crecimiento (8).
Aunque no se diseñó de forma específica para la AN, destacamos el método de screening SCOFF (9) para los TCA, una
herramienta destinada a identificar aquellos casos que precisarían
de una evaluación posterior exhaustiva.
El método de screening SCOFF consiste en 5 sencillas preguntas clínicas (las siglas provienen de los términos en inglés
incluidos en cada una de las preguntas):
1. ¿Se siente mal consigo mismo/a cuando percibe sensación
de plenitud?
2. ¿Le preocupa haber perdido el control acerca de lo que
ha comido?
3. ¿Ha perdido o ganado más de 6,35 kg en los últimos 3
meses?
4. ¿Cree que está por encima de su peso a pesar de que los
que le rodean indiquen lo contrario?
5. ¿Diría que la comida domina en cierto sentido su vida?
Según los datos del estudio original que describía esta herramienta de screening, la respuesta positiva a dos o más de las
5 preguntas se asociaba a una sensibilidad del 100% y a una
especificidad del 87,5% para el diagnóstico de TCA (9). No obstante, esta herramienta ha de ser validada a nivel poblacional.
Uno de los cuestionarios más utilizados es el EAT 26 (Eating
Attitudes Test).
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=309259388002
La anorexia consiste en un trastorno de la conducta alimentaria (TAC) que suppone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado de inanición. Se caracteriza por el temor a aumentar de peso, y por una percepción distorsionada y delirante del propio cuerpo que hace que el enfermo se vea gordo aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo recomendado. Por ello inicia una disminución progresiva del peso mediante ayunos y la reducción de la ingesta de alimentos.
Normalmente comienza con la eliminación de los carbohidratos, ya que existe la falsa creencia de que engordan. A continuación rechaza las grasas, las proteínas e incluso los líquidos, llevando a casos de deshidratación extrema. A estas medidas drásticas se le pueden sumar otras conductas asociadas como la utilización de diuréticos, laxantes, purgas, vómitos provocados o exceso de ejercicio físico.
Las personas afectadas pueden perder desde un 15 a un 50 por ciento, en los casos más críticos, de su peso corporal. En España hay unos 250.000 casos de anorexia diagnosticados. Esta enfermedad suele asociarse con alteraciones psicológicas graves que provocan cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una estigmatización del cuerpo. Todo esto tiene consecuencias graves en la relación del enfermo con su entorno.
Es importante distinguir la anorexia de otros trastornos alimentarios muy frecuentes aunque más leves. El 80 por ciento de los jóvenes pasan por etapas en las que empeora su relación con los alimentos y los evitan, lo que no indica en ningún momento que estén desarrollando la enfermedad.
La edad de inicio de la anorexia se sitúa en la primera adolescencia, en torno a los 12 años, si bien la población más afectada se encuentra entre los 14 y 18. Es más frecuente en las clases sociales media y media-alta.
En un 95 por ciento de los casos la anorexia afecta a mujeres jóvenes, aunque en los últimos años se ha producido un aumento en hombres, en mujeres adultas y en niños. Los hombres tienen más posibilidades de ocultar el trastorno ya que no están sometidos a un juicio social tan fuerte. Esto favorece que el tratamiento sea más difícil, pues la enfermedad se diagnostica cuando ya se encuentra en un estado muy avanzado.
Existen colectivos más propensos a sufrir estos trastornos, es el caso de las gimnastas, las bailarinas o las modelos. En la anorexia nerviosa se pueden distinguir dos subtipos:
- Subtipo restrictivo: La reducción de peso se consigue mediante dietas o ejercicio físico intenso y el enfermo no recurre a sobreingestas, atracones o purgas.
- Subtipo bulímico: El enfermo recurre a las purgas aunque haya ingerido una pequeña cantidad de alimento.
¿Cuál es su origen?
Factores desencadenantes:
- La propia obesidad del enfermo.
- Obesidad materna.
- Muerte o enfermedad de un ser querido.
- Separación de los padres.
- Alejamiento del hogar.
- Fracasos escolares.
- Accidentes.
- Sucesos traumáticos.
Hasta el momento no se ha determinado una causa biológica clara sobre el origen de la anorexia. Aunque hay muchos factores socioculturales que pueden desencadenarla, es probable que una parte de la población tenga una mayor predisposición física a sufrir este trastorno, independientemente de la presión que pueda ejercer el entorno. Por ello existen de factores generales que se asocian a un factor desencadenante o cierta vulnerabilidad biológica, que es lo que precipita el desarrollo de la enfermedad.
Sin embargo, aún no se han podido identificar los desencadenantes de la vulnerabilidad. Se habla de un gen que puede predisponer a padecer anorexia, pero no hay estudios concluyentes al respecto. Sí se sabe que muchas madres de jóvenes anoréxicas también han sufrido en el pasado trastornos en la conducta alimentaria.
Hasta el momento se había señalado especialmente a la moda, la belleza y al culto al cuerpo como principales causantes de la enfermedad, pero hoy se sabe que en su aparición también intervienen otros factores. El origen de la anorexia se encuentra, en definitiva, en una combinación de factores biológicos (cambios físicos), psicológicos y sociales. De esta manera se pueden distinguir dos tipos de factores: desencadenantes y generales.

